Hoy el camino transcurre más imperturbable de lo habitual. La noche es cerrada y cae una fina lluvia sobre la arena y los charcos. No se ve más que oscuridad y matices oscuros y borrosos que quizá sean niebla.

Solo soy capaz de mirar a mis pies.

Me niego a mirar más hacia abajo. Necesito alzar la vista, contemplar la vacía inmensidad y llenarme hasta los tobillos de barro.

Pero me detengo casi al final y pienso: ¿cómo tener miedo a la soledad si ésta siempre me acompaña?

Dubhe